Es necesario efectuar una clara distinción entre el periodismo de investigación y el periodismo amarillo. El primero, se sumerge en lo más crudo de la realidad para mostrarla en toda su evidencia y para que los grandes trucajes desde los diversos poderes no queden escondidos, pero respeta el dato y el tono. El segundo, por el contrario, convierte lo anterior en una narración agresiva, espectacular y tensionada, donde se juega con las reacciones más prístinas del lector y se olvida cualquier parámetro ético que controle el texto. La relación entre los "reality shows" televisivos, tan de moda, y este tipo de periodismo es estricta: en ambos casos es lo extravagante y agresivo lo que manda, aunque la verdad salga maltrecha y el consumidor resulte conducido a conclusiones parcialistas o sencillamente equivocadas de la noticia en sí misma considerada.
El amarillismo se sustenta en nuestra capacidad de mitologizar. Es más asimilable un cuento que responda a una estría mítica que uno que viola toda representación estructurada porque luce como un galimatías. Por eso el hundimiento del Titanic es más comprensible que tantos naufragios en donde no gozamos el espectáculo de una burguesía agonizante, un barco insumergible, unos músicos alegrando la catástrofe, un capitán que se entrega a la muerte, etc. La realidad es demasiado enmarañada como para absorberla tal como viene, sin mediación mitológica.
Con el término amarillo se pretenden reflejar todas aquellas formas de presentar la información que no se ajustan de forma seria, contrastada y veraz a los hechos y a la realidad sin distorsionarla. En la prensa es fácil detectar fisuras en la presentación de la información, es decir, todo lo que no se ciñe a lo estrictamente periodístico, informativo, que abuse de la ingenuidad, la ignorancia o desconocimiento de un tema por parte del lector. O bien, y lo que es más grave, subestime su capacidad o su inteligencia.
Hoy la pretensión de mantener claramente una distinción entre medios serios y medios amarillistas parece bastante problemática. El amarillismo es parte de una estética cuando menos inquietante, insubordinada a lo serio, en franca disputa por los nuevos espacios semióticos de la industria cultural.
En la actualidad la prensa ha perdido seriedad y parte de hondura en beneficio de una superficialidad más inteligible y de una aproximación a la realidad más elemental. Este fenómeno es fundamental a la hora de juzgar cierto descrédito en que ha caído nuestra gran prensa, en ocasiones no solamente amarillista sino casi un cómic de cuanto sucede, tal es el grado de vulgaridad en la noticia y en el humor que demuestra. Todo lo cual no es obstáculo para que existan excelentes profesionales, tanto en el ámbito de información como de opinión, pero el tono genérico ciertamente ha disminuido de altura intelectual, en consonancia con los tiempos que vivimos.
La prensa ha acabado por ser el instrumento mediático de mayor incidencia en la formación de las llamadas "opiniones medias", más allá de las reacciones inmediatas ante el fenómeno televisivo que es más llamativo pero menos incisivo.
Un todo, el universo mediático, que determina, desde los ámbitos del dinero, la nueva estructura democrática, moviendo el suelo de la ética, de la moral, de la política y, en fin, de todo lo que socialmente aparece en el horizonte de la vida cotidiana.
el amarillismo o sensacionalismo está presente, en mayor o menor medida, en todos los medios impresos y que su instauración en determinados periódicos aumenta día a día, de forma preocupante, ante el temor de que la competencia se haga con grupos de lectores que antes no comulgaban con su línea editorial. El grado de superficialidad dependerá de la pretendida seriedad que quiera transmitir el periódico, pero incluso medios con una contrastada trayectoria de credibilidad están incurriendo en el error de introducirse al sensacionalismo.
La función fundamental de la prensa es informar, pero no entretener. Para eso hay otros medios. No cabe duda que el amarillismo forma parte de la historia de la prensa desde que ésta existe, y seguirá siendo así en tanto en cuanto la condición humana no cambie. Hay que evitar es que no se alcancen cotas de superficialidad preocupantes, porque en ese caso la labor periodística quedaría en entredicho
http://www.ull.es/publicaciones/latina/36fcoarias.htm
Amarillismo en las comunicaciones
Para comenzar debemos definir claramente qué es amarillismo en las comunicaciones. El vocablo amarillista hace referencia a "la prensa amarilla", según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española. Es apenas obvio que esta definición no aporta mucha luz; con el término amarillismo se genera un poco de mayor claridad, pues según el mismo diccionario, significa "sensacionalismo, como lo practica la prensa amarilla". Y a su vez en cuanto a
sensacionalismo dice, "tendencia a producir sensación, emoción o impresión, con noticias, sucesos, etc." Por el contrario, el diccionario Clave va un poco más allá y ya nos dice que el amarillismo es "sensacionalismo o tendencia a presentar
los aspectos más llamativos de una noticia o de un suceso para producir gran sensación o emoción".
No debe existir confusión entre el periodismo investigativo y el amarillismo y en este punto, es necesario efectuar una clara distinción entre el uno y el otro. El primero, se sumerge en lo más crudo de la realidad como información noticiosa,
respetando el dato y el tono. El segundo, por el contrario, convierte lo anterior en una narración agresiva, espectacular y tensionada, donde se juega con las reacciones más primitivas del lector y se olvida cualquier parámetro ético que controle la información como tal.
La relación entre los "reality shows" televisivos, tan de moda, y este tipo de periodismo es estricta: en ambos casos es lo extravagante y agresivo lo que manda, aunque la verdad salga maltrecha y el consumidor resulte conducido a
conclusiones parcialistas o sencillamente equivocadas de la noticia en sí misma considerada.
Hasta aquí debo decir que me he valido de un documento publicado en internet sobre este tema, a propósito de la expresión “amarillismo” la cual utilicé en mi columna de ayer y me dejó cierta inquietud.
Al adaptar y transcribir apartes de dicho texto pensaba en la actitud de ciertos comunicadores a este respecto, sobre todo, en relación con el Atlético Bucaramanga. Hay muchos que pecan de amarillistas con la información, lo cual no implica falsedad en la
comunicación, pero lo más triste de todo esto es que este tema no es nuevo porque la mayoría de los mencionados comunicadores provienen de academia y, por consiguiente, conocen perfectamente estos estilos y tendencias de la
comunicación.
Es claro que de acuerdo al manejo dado a la información se incurre en amarillismo o nó; un mismo dato puede ser serio, informativo y provechoso o puede también ser amarillista, dañino y perturbador. Ya es decisión del comunicador si ataca
la fibra sensacionalista de sus receptores o prefiere hacer su oficio de comunicar con toda la ética y el profesionalismo que le corresponde.
Desafortunadamente aquí se enlaza un tema que es el que fortalece este tipo de géneros en la comunicación, el del negocio; desafortunadamente el morbo está latente en el ser humano y de eso se aprovechan algunos medios para vender sintonía, entonces, tendríamos que concluir ahora que buena parte de la culpa por la propagación de este género de comunicación está en los receptores pues son ellos quienes con su audiencia alimentan a esos sensacionalistas que
se están enriqueciendo a expensas de una causa que, como la de nuestro Atlético Bucaramanga, nos pertenece y debe ser el orgullo de los santandereanos. A despertar mis inocentes hinchas búcaros, a dejar de tragar entero y a apoyar la campaña del Atlético Bucaramanga con todo el optimismo y la confianza.
hincha.leopardo@gmail.com
Por : Hincha leopardo
Periódico EL FRENTE
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http://www.elfrente.com.co/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=6607
Con el acelerado crecimiento de las tecnologías de la comunicación y su indiscutible impacto en la cultura, la radio, la televisión, la prensa e Internet son los principales factores de configuración de la opinión pública y de las costumbres. Deontológicamente, esto conlleva un incremento de la responsabilidad de los informadores ante los ciudadanos y la sociedad en general.
En esta perspectiva crítica, Juan Pablo II (1977) afirma: “los medios están en una expansión sin precedentes, con una oferta cada vez mayor de productos y servicios, que influyen la vida de las personas, precisamente por el poder de penetración de las nuevas tecnologías de la información, que torna el discurso mediático muy sugestivo y entretenido, pero muchas veces con un contenido noticioso fugaz y sin sentido coherente”.
El acento de esta crítica se pone en la calidad del contenido de la información de los medios de comunicación y en el uso que se hace de este, que en muchos casos atenta contra la libertad humana y en contra de los individuos.
Medios, difusores del amarillismo
En la actualidad, haciendo uso de esos avances tecnológicos, los medios producen y distribuyen un discurso muy sugestivo y entretenido, con el que divierten e informan a los salvadoreños. Sin embargo, muchas veces lo hacen con un contenido noticioso atomizado y sin significación coherente.
En la mayoría de los casos sólo dan prioridad al espectáculo, como ocurrió con el fallido Huracán Adrián, en la que hicieron alarde de un amarillismo abusivo, que generó muchísimos temores en la población salvadoreña. Lograron un efecto parecido al de la Guerra de los Mundos.
En otros tantos casos esa información noticiosa atenta contra la libertad y dignidad humanas de los salvadoreños, por su presentación exagerada, apocalíptica y poco fundamentada en la certeza de los hechos.
Desde esta perspectiva, la información que se confecciona en nuestro país se caracteriza, entre otros rasgos, por sus restringidos criterios de noticiabilidad, por la limitada temporalidad de los hechos seleccionados y por la espectacularidad o calamitoso de los hechos abordados.
Medios deben ser promotores de la moral y la dignidad
No obstante, los medios y los periodistas puedan servir para enriquecer la naturaleza del hombre, con la inclusión en su discurso de una visión moral rica en valores, y con un contenido noticioso bien fundamentado.
Esto supone la asunción de una responsabilidad ética de quienes están implicados en el proceso de las comunicaciones y de aquellos que reciben el mensaje de estos medios.
Así la sociedad salvadoreña en su conjunto reconoce la importancia de los diferentes medios de comunicación y del trabajo de los periodistas, pero a su vez demanda que su trabajo diario sea más independiente y profesional, responsables y prudentes, con la finalidad de colaborar en la construcción de unas relaciones más claras y fuertes entre los individuos y en toda la familia humana.
Para cumplir la misión
Para lograr esta misión, los periodistas deben preocuparse por continuar su formación en aquellas áreas del conocimiento que se muestran muy débiles, como puede son: la selección de los hechos más trascendentes del acontecer nacional, el manejo riguroso de las fuentes de información y la producción creativa y fundamentada del discurso informativo, entre otros.
Se internen periodísticamente, no sólo en enfoques de tipo apocalíptico, estrictamente del ámbito socio-político, sino en el sentido más humano de los hechos, con su expresión negativa y positiva, con racionalidad y sentimiento.
En la política informativa de cada medio de comunicación se debe establecer claramente el menú de posibilidades de los signos de la realidad, que obviamente no se agotan en el enfoque negativo y apocalíptico, sino que se abren a la esperanza, al esfuerzo, al humor y al empeño de un pueblo que batalla día a día contra todo tipo de adversidad.
En las salas de redacción, los periodistas deben no sólo asumir el compromiso moral, sino aplicarlo en cada una de las noticias que elaboran. No basta con poseer un código deontológico, hablar y exigir libertad de expresión. Se trata de asumir más seriamente su trabajo profesional.
http://www.geocities.com/mariocantarero/archivo/amarillismo.htm
martes, 18 de noviembre de 2008
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